
Durante su campaña presidencial, John F. Kennedy declaró que "debemos eliminar las distinciones entre ciudadanos nativos y naturalizados para garantizar la plena protección de nuestras leyes a todos... las protecciones que ofrecen el debido proceso, el derecho de apelación y los plazos de prescripción pueden extenderse a los no ciudadanos sin poner en riesgo la seguridad de nuestra Nación".
En 1962, Kennedy firmó la Ley de Asistencia a Migrantes y Refugiados, creada para ayudar a ciudadanos extranjeros del hemisferio occidental que habían huido de la persecución en sus países de origen. La ley se creó específicamente para ayudar a los cubanos que huían del gobierno de Fidel Castro. Al firmar la ley, Kennedy declaró que "el pueblo estadounidense tendrá la seguridad de que el liderazgo de este Gobierno se mantendrá en la gran labor humanitaria de ayudar a las personas apátridas y sin hogar del mundo".
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El Departamento de Justicia de Kennedy también supervisó el Programa de Libertad Condicional de Hong Kong, que admitió a unos 15,000 refugiados de la China comunista en Estados Unidos.
Cuando Kennedy fue asesinado a finales de 1963, el Congreso ya tenía en consideración un importante paquete de reforma migratoria. Este proyecto de ley fue promulgado por el presidente Lyndon Johnson como la Ley de Inmigración y Nacionalidad de 1965, que introdujo cambios radicales en la forma en que Estados Unidos gestionaba la migración, eliminando las normas diseñadas para favorecer la inmigración desde el norte de Europa y priorizando la reunificación familiar.
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